Una de las peores cosas que le puede pasar a un producto derivado, en este caso una secuela, es no comprender el material de origen.

Y es que hacer una continuación, una reinterpretación, o incluso el adaptar de un medio a otro puede derivar en cambios o libertades creativas propias de toda creación, pero él no entender lo que el público aprecia es darle la espalda al espectador y venderle mercadotecnia pirata.

Los buenos años han pasado y ahora Londres esta sumido en una gran depresión y épocas de austeridad. Jane y Michael ya crecidos siguieron los pasos de sus padres. Jane lucha por los derechos del pueblo como su madre y Michael trabaja en el banco como lo solía hacer su padre. Sin embargo, Michael pasa por tiempos más difíciles debido a la muerte de su esposa y a la incapacidad de cumplir con todas sus obligaciones. Cosa que ha echo madurar a sus hijos rápidamente y cuidarse entre ellos mismos.

Por no pagar a tiempo sus deudas el banco le exige a Michael el pago completo de su hipoteca dentro de un tiempo límite, de lo contrario Michael y su familia perderán la casa y se quedarán sin hogar.

Mary Poppins llega y ofrece sus servicios de niñera y, sin aceptar un “no” como respuesta ahora cuidara a los niños Banks y los ayudará a no perder la casa.

A ver, quiero aclarar esto desde el principio, El Regreso de Mary Poppins es una película mediocre con muchos puntos por analizar, pero como secuela no es mediocre… Es pésima.

Cómo secuela traiciona una y otra vez a la obra original, desde cambiar el estilo visual de colores pasteles icónico y único, hasta el drástico cambio de personalidad de prácticamente todos los personajes. Y aunque trata de rendir homenaje con referencias, estas son tan irrelevantes y forzadas que en vez de aportar restan por comparación.

Ahora bien, que vista como una obra individual tampoco mejora, simplemente no decae por comparación frente a una película claramente superior.

Por ejemplo, los personajes al principio parecen bien definidos, pero mientras avanza la trama son moldeados a conveniencia del escritor.

(Y con el fin de replicar la evolución de George Banks en Michael, lo transforman [en la misma película] de un padre amoroso a un padre estricto, para dar un final muy parecido al anterior dónde el padre por fin conviene a sus hijos)

Las canciones son, por un lado cantadas o habladas sin criterio y sin idea de cómo montar un musical, y por otro lado, sumamente olvidables.

Parece ser que mientras avanza la cinta existen tres historias transcurriendo al mismo tiempo totalmente inconexas e irrelevantes para el desarrollo de la misma.

Y aunque esta crítica ha sido dura me parece muy justa, tomando en cuenta que de entre todos los personajes y las dos horas con diez minutos que dura el largometraje el mejor actor en pantalla fue Dick Van Dike, que con sus dos minutos de participación mostró un carisma más grande que todos sus compañeros.

Quisiera añadir otro punto al doblaje. Por un lado felicitar la reincorporación de actores de doblaje que ya habían participado en las cinta original de 1964, los cuales hacen su trabajo de una manera maravillosa. Y al mismo tiempo criticar a sobremanera las decisiones creativas que aquí se tomaron, entre las que destaco la voz de Jake que “no le va al mono” y el desesperante acento inglés de Mary Poppins en una cinta llena de personajes ingleses sin acento.

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